“Y él, no guardó lo que le
ordenó Jehová”.
(1° Reyes 11:10).
Nos hemos preguntado el ¿Por
qué, nos va desagradablemente en muchas ocasiones en la vida? ¡No es que Dios o los cielos estén en contra
nuestra! Es porque “nosotros” provocamos a Dios. Repetimos, en “ocasiones”
sucede esto (Pues existen también los momentos de pruebas como en Job).
Salomón había estado
caminando de la mano de Dios, pero, su debilidad por las mujeres hizo que él
“provocara” a Dios a ponerse en su contra. Dios le había hablado ya dos veces “audiblemente”
(1° Reyes 9:2). Y las “ordenes” explícitas eran: NO tocar mujer extranjera (1°
Reyes 11:2), pues Dios sabía que ellas lo llevarían a la idolatría (1° Reyes
11:4-6). Pero, Salomón “provocó” a Dios desobedeciendo. Esto hizo que la mano
de Dios se pusiera en su contra. ¿Cuántas
veces nosotros no hemos “provocado” a Dios con nuestras actitudes y acciones, y
aún así, esperamos que nos vaya bien en la vida? Nadie, absolutamente nadie
podemos engañar a Dios u ofenderlo sin pagar las consecuencias (Gálatas 6:7).
El nos ha dado nuevas leyes que entraron en vigor con la muerte de Cristo, allí
murió la Ley de Moisés (Romanos 10:4) y entró a funcionar la Ley de la Gracia
(Efesios2:8). Pero, lamenta y constantemente vivimos “rompiendo o quebrantando”
sus ordenanzas, lo que lógicamente nos trae consecuencias. ¡Y aún así nos
quejamos!
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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