“Egipto y Edom serán destruidos”.
(Joel 3:19).
Dios siempre ha utilizado en las escrituras,
“parábolas”, que no son otra situación más que ejemplos materiales para darnos
lecciones espirituales. Egipto y Edom son unos de ellos.
Egipto, representa al mundo, o sea, todo lo que no
tiene que ver con lo espiritual (Exodo 12:41 y 13:3), y, Edom, la carne, que
son los instintos desenfrenados del ser humano (Amós 1:11). En el libro de
Joel, vemos cómo Dios trata acerca del mundo y los instintos desenfrenados de
“su” pueblo “dentro” del grupo élite religioso de Israel (y que afectaba al
pueblo); hoy en día, representado en las congregaciones creyentes (Su Iglesia,
su pueblo). Es increíble que a más de dos mil quinientos años de haber sido dada
ésta profecía, no sólo haya habido un cumplimiento en esas fechas sino que lo
estemos viviendo nuevamente. Y, ¿A quién culpó Dios antes y culpará ahora? Miremos cómo lo dice la escritura: “Vendisteis
a los hijos de Judá y a los hijos de Jerusalén (Joel 3:6). Primero entendamos ¿Qué
significan Judá y Jerusalén en las escrituras? Judá, es la tribu de la “alabanza”
elegida por Dios, y Jerusalén, el lugar de “adoración”. Y, el libro de Joel
está dirigido a: “Los líderes” (oíd “ancianos” Joel 1:2). Y ¿Qué fue lo que
hicieron los ancianos? El capítulo 3 y verso 6 lo explica: “Vendisteis a los
hijos de Judá y a los hijos de Jerusalén… para alejarlos de su tierra”.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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