“Hay un león hayá afuera, dice el haragán”.
(Proverbios 22:13).
Decían los abuelos: “En todos lados se cuecen habas”.
Esta expresión la sacaban a luz cada vez que alguien creía que algún evento que
se suponía no debía verse en determinado lugar o persona… igualmente se veía.
Una persona de alta sociedad cometía alguna
imprudencia en la mesa de los comensales, como echar un eructo o poner los
codos sobre la mesa, y como se “suponía” que esas eran costumbres de personas
sin educación, salía a luz la expresión: “En todos lados se cuecen habas”. ¿A
qué vamos con esto? A que en todo nivel se cuecen las habas con los pretextos.
Veamos, Lucas 9:57-62: Cristo le dice a un hombre: “Sígueme”, y la respuesta
fue un “pretexto”: “Deja que primero entierre a mi padre”. ¿Por qué creemos que
era un pretexto?, pues porque en ningún momento la escritura menciona que el
padre de éste joven estuviera enfermo (vea también Mateo 8:21-22), por lo que a
simple vista es evidente que NO queriendo seguirle da un pretexto. Una prueba
más la vemos en la respuesta de Cristo: “Deja que los muertos entierren a sus
muertos”, refiriéndose a que, cuando una persona no ha reconocido a Cristo como
su suficiente Salvador, aún y cuando ande caminando por la calle, es una
persona muerta no importando lo religiosa que sea o que parezca (Efesios 2:1).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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