.
“Hay un león hayá afuera, dice el haragán”.
(Proverbios 22:13).
Dios continuamente nos está llamando (Salmo 53:2), lo
que sucede es que nosotros preferimos nuestra comodidad que seguirlo. Y más,
cuando se realiza sin remuneración económica alguna, sino como gratitud (como
debe hacerse según nos enseña el Salmo 50:15).
Existen características de un verdadero siervo de
Dios, el apóstol Pablo se las explica a su pupilo Timoteo, (quien había de
quedarse a cargo de la importantísima Iglesia de Efeso). 1- Un “llamamiento” (1°
Timoteo 1:1), o sea un mandato de Dios para la persona. 2- Una “Profecía” (1ª
Timoteo 1:18), emitida directamente por una persona calificada, lo que implica
un reconocimiento y una confirmación por parte de personas entendidas en los
asuntos de Dios. 3- La persona tiene que ser “Probada” (1° Timoteo 3:10), y
tener testigos fidedignos que salió triunfante. De lo contrario, ¿cómo podrá enseñar,
guiar, consolar, animar y ser ejemplo para otros?. Y 4- “Imposición de manos”
(1° Timoteo 4:14), personas de alta estima a los ojos de Dios deben imponer
manos y orar por la persona con el llamamiento. Estos son requisitos “indispensables”
para un ministro verdadero de Dios, cuando los liderazgos no se toman bajo éstos
lineamientos, los resultados que pueden llegar a ser catastróficos. Es
dramático cuando se hace sólo por “necesidad” de un liderazgo, pues necesidades
existirán siempre, pero Dios no se mueve por necesidades sino por propósitos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario