“Confía en el Señor de todo corazón”
(Proverbios 3:5).
Las escrituras nos instan a que pongamos toda nuestra
confianza en Dios, y él hará que nuestros caminos sean más placenteros. Pero,
eso no significa que TODO lo que nos propongamos lo vamos a lograr o a obtener.
Dios antes de ser nuestro Dios, es nuestro creador,
nuestro Padre, y como tal, lo que desea para nosotros, no es precisamente, lo
que nosotros consideramos “bueno o agradable” sino más bien lo que es “mejor”. El
nos llama a que le busquemos y se dejará encontrar; a que llamemos a su puerta
y él nos abrirá; y, a que le pidamos, que él nos dará (Mateo 7:7). Ahora bien,
como buen Padre que es, NO nos dará “todo” lo que le pidamos, aún y cuando,
nosotros “creamos o consideremos” que lo que le estamos pidiendo es lógico,
bueno, sano, o justo. Si lo que le estamos pidiendo es lógico, bueno, sano o
justo, solamente lo sabe él a la luz no sólo de lo que nos reste de vida
terrenal, sino a la luz de la gran eternidad que tenemos por delante, pues los
planes de él no son efímeros como los nuestros sino eternos (Juan 18:36).
Ciertamente cuando estamos en crisis de cualquier tipo, lo que deseamos es una
respuesta pronta y positiva… y podemos tener la confianza que “siempre” será
así, pero en la perspectiva de él no en la nuestra. Pues a él lo que le
interesa es el “proceso” que hará en nosotros los “cambios necesarios”. Pero esto, solamente se entiende por fé no por
la carne.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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