“Jehová recompense tu obra”
(Rut 2:12).
La orden vino de parte de
Dios, no de ningún humano: “Comerás el pan de cada día con el sudor de tu
frente… hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3:19).
Dice la historia que sucedió
en el tiempo en que gobernaron los Jueces, que una familia judía, conformada
por el esposo, Elimelec; la esposa, Noemí; dos hijos, Mahion y Quelión, cuyas
esposas eran Orfa y Rut, cayó en lo que la misma Noemí llamó: “La mano de
Jehová contra mí”, debido a una crisis económica (Rut 1:13). Todos pasamos
épocas económicamente duras en la vida, pero no todos reaccionamos de la misma
forma a ellas. Unos se deprimen y hasta se quitan la vida; algunos solamente
somos afectados al punto en que vivimos cautelosos y con cierto temor o respeto
a la vida; pero otros, lo toman como una gran oportunidad y son quienes, al
luchar, sobresalen a todos nosotros. Todo trabajo también, tiene su pago. Pero
el mejor pago que podemos tener viene de Dios, al menos así nos lo hace
entender éste ejemplo de la familia de Elimelec y Noemí. Cuando ésta mujer
regresa a su tierra y encuentra a Booz, familiar de su difunto esposo, a quien
envía a su nuera Rut para que espigue en sus campos, éste le dice: “Jehová
recompense tu obra… por todo lo que has hecho”, y ambas alcanzan abundancia
(Rut 2:12). Lección: Cuando nuestra recompensa viene de los hombres… hay
carencias; pero cuando nuestra recompensa viene de Dios… hay abundancia.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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