lunes, 5 de febrero de 2018

Cuando es Dios quien paga.



“Jehová recompense tu obra”
(Rut 2:12).

La orden vino de parte de Dios, no de ningún humano: “Comerás el pan de cada día con el sudor de tu frente… hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3:19).

Dice la historia que sucedió en el tiempo en que gobernaron los Jueces, que una familia judía, conformada por el esposo, Elimelec; la esposa, Noemí; dos hijos, Mahion y Quelión, cuyas esposas eran Orfa y Rut, cayó en lo que la misma Noemí llamó: “La mano de Jehová contra mí”, debido a una crisis económica (Rut 1:13). Todos pasamos épocas económicamente duras en la vida, pero no todos reaccionamos de la misma forma a ellas. Unos se deprimen y hasta se quitan la vida; algunos solamente somos afectados al punto en que vivimos cautelosos y con cierto temor o respeto a la vida; pero otros, lo toman como una gran oportunidad y son quienes, al luchar, sobresalen a todos nosotros. Todo trabajo también, tiene su pago. Pero el mejor pago que podemos tener viene de Dios, al menos así nos lo hace entender éste ejemplo de la familia de Elimelec y Noemí. Cuando ésta mujer regresa a su tierra y encuentra a Booz, familiar de su difunto esposo, a quien envía a su nuera Rut para que espigue en sus campos, éste le dice: “Jehová recompense tu obra… por todo lo que has hecho”, y ambas alcanzan abundancia (Rut 2:12). Lección: Cuando nuestra recompensa viene de los hombres… hay carencias; pero cuando nuestra recompensa viene de Dios… hay abundancia.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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