“Cuando Pedro vino, le
resistì cara a cara”
(Gàlatas 2:11).
Pedro, el gran apóstol
Pedro, aquèl al que muchos consideran tiene las llaves del cielo, estaba
“mancillando” el evangelio de Cristo con hipocresía. Pues cuando lo miraban no
comìa con los gentiles, pero cuando no lo miraban entonces sì. El apóstol Pablo
se da cuenta y lo reprende cara a cara, no por la espalda.
¿Cuàl es su reacción? Pedro,
actuando con integridad, no se justifica, ni se defiende con argumentos vanos,
ni mucho menos ataca a Pablo diciendo: ¿Tù, que fuiste un asesino, quièn te
crees para juzgarme? ¿Serà que yo, el ungido, tengo què entregarte cuentas?
¿Por què he de oírte, si tù ni siquiera conociste al Señor? ¡NO! Pedro, con
“humildad”, baja la mirada, oye, hace un alto, reflexiona y cambia. ¿Alguien
nos ha dicho que estamos haciendo algo mal? Hagamos las de Pedro, con humildad,
bajemos la mirada, oigamos, hagamos un alto, reflexionemos y pidamos al Señor
de los cielos que nos de la gracia para cambiar. De lo contrario, no estaremos
predicando un buen evangelio. Si Dios no nos ve luchando cada dìa contra
nuestras debilidades, y, si no escuchamos a quienes nos ven que estamos
haciendo algo malo, no podremos llevar a cabo la Gran Comisòn a la que hemos
sido llamados. Y ¿Còmo?, si no escuchamos a los hombres que sì vemos, mucho
menos escucharemos la voz de Dios a quien no vemos?
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
Muy buena predica Pichi. A todos nos gusta el ser alabados y apreciados por un gesto o acción, sin embargo si alguien se aparece y nos hace ver una falta o error nos defendemos a capa y espada, particularmente cuando quien nos llama la atención posee menos calificaciones que uno mismo. A mi me ha pasado muchas veces en mi campo de trabajo, y con el tiempo he aprendido a ESCUCHAR, aunque reconozco que me falta mucho por aprender y controlar.
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