“Y asì vendrà, como le
habéis visto ir”
(Hechos 1:8).
“Todo tiene su tiempo bajo
el sol” nos dice Eclesiastès. ¿Se ha preguntado usted alguna vez, el ¿Por què,
Cristo vino en la época que vino y no en otra? Fue necesitado en tiempos de los
Jueces, cuando el caos y la anarquía reinaban en un cìrculo de pecado y
arrepentimiento en su PUEBLO… pero no vino. Pudo haber venido en la época de
los reyes, cuando el caos y la anarquía reinaban en la REALEZA… pero no vino.
Pudo haber venido en tiempos de la Segunda Guerra Mundial cuando el caos y la
anarquía reinaban en lo POLITICO, pero tampoco fue programada su venida para
ello.
A la luz de la escrituras,
vemos que cuando Cristo vino, el caos y la anarquía reinaban pero en el
“LIDERAZGO SACERDOTAL” de Israel, no en el pueblo; no en la realeza, ni tampoco
en lo polìtico. Màs elocuente no puede ser èste argumento si usted lee los
“siete ayes” de Cristo en Mateo 23, en donde los llama “hipócritas”, “ciegos”,
“insensatos”, “necios”, “sepulcros blanqueados”, “Inicuos” (perversos que bien
saben lo que hacen y lo siguen haciendo), y hasta los llamò “devoradores”
(tèrmino que solamente es utilizado para satanàs), hasta llega a llamarles
“generación de víboras” (Mateo 12:34). Aquellos que habían sido encargados para
recibir y proclamar al Mesìas, se estaban dando la “gran vida” con los diezmos,
las ofrendas y los privilegios del Templo (devoràis las casas de las viudas
Mateo 23:14). Ademàs, cuando Cristo viene en lugar de hacer planes para
“proclamarle”, conspiran para su asesinato (Juan 11:53). Esto último es tan
cierto que Dios quiso “inmortalizarlos” en una Paràbola titulada: “Los
labradores malvados” (Mateo 21:37). Pregunta: ¿Estaremos a la puerta de la
venida de Cristo, siendo que estamos viendo, viviendo y sufriendo, nuevamente,
la debacle de “muchos” en el liderazgo sacerdotal? ¡Nosotros elegimos, el
evangelio de la Cruz o el evangelio de la prosperidad! El evangelio de la Cruz,
nos lleva a morir para santificarnos; el de la prosperidad, nos llevarà a
matarlo con tal de ser prósperos. ¡Clamemos por no ser engañados!
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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