“No contristèis al Espìritu
Santo!
(Efesios 4:30).
Contristar es sinónimo de
“entristecer”. El apóstol Pablo nos exhorta a que no sòlo con nuestras
palabras, sino con acciones negativas como amargura, enojo, ira, frutos y
malicias no entristezcamos al Espìritu.
Nos narra la escritura en
Isaìas 63, que Israel acaba de ser librado de su enemigo Edom (sinónimo de la
carne, de los pecados), pero en lugar de tener gratitud y contentamiento con
Dios, el pueblo se vuelve rebelde y no escucha la voz de Dios. Eso,
“entristece” su corazón y se vuelve contra ellos para convertirse en su enemigo
(verso 10). Otro caso serio de còmo se entristece al Espìritu por no escuchar
su voz, lo vemos en Saùl, quien habiendo sido puesto como Rey por Dios en
petición del pueblo, y aunque siguìa en el trono… ya no tenìa el poder, y por
si fuera poco, sufrìa tormentos. ¿Por què? Porque Saùl pecò por no tener “celo”
(interés) por la obra sino “celos” (temores) en la obra. Tengamos mucho cuidado
nosotros también, pues podemos, aùn, “permaneciendo” en el lugar que èl nos
puso en el liderazgo, perder la unciòn por contristar su Espìritu. Està bien
tener un honesto celo por su casa, pero no celos en la casa de Dios. Si estamos
sirviendo a Dios y no sirviéndonos de èl, no debemos temer a nada ni a nadie.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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