“Aquì està uno màs grande
que el templo”.
(Mateo 12:6).
En el Antiguo Pacto, vimos
que el diezmo NUNCA FUE DINERO sino el producto del campo y de los àrboles (ver
Levìtico 27:30); este, entre otros motivos para que no faltara el alimento
entre el sacerdocio físico compuesto por UNA sola Tribu: Los Levitas (ver
Nùmeros 18:20), porque… ellos NO tenìan “heredad” en la tierra, o sea, NO
poseìan nada en lo material. Pero, se nos enseña tambièn que “ya” cambio la
“ley” (Hebreos 7:12).
Ahora bien, como vimos, ya
no està vigente la ley y la pràctica del diezmo, pero sì la ley de las
“dàdivas” y las “ofrendas” (con las cuales debe funcionar la Iglesia, no la
casa de los lìderes). Pero entendamos: “Dàdiva” es algo que uno REGALA de buena
fe; y “Ofrenda” es algo que uno OFRECE de buena voluntad (2º Corintios 9:7). En
otras palabras: QUE CADA UNO DA COMO PROPUSO EN SU CORAZÒN, no por obligación
ni mucho menos por exigencias ni bajo amenazas (que prácticamente viene a ser
una moderna forma de esclavitud, una extorsión, un asalto). En otro sentido, el
mandamiento es: “ayuda” al necesitado, pero NO lo mantengas (Levìtico 25:35-37).
¿Por què lo recomienda Dios? Pues porque
no se le hace ningún tipo de bien a nadie “evitándole” sus obligaciones (vea Gènesis
3:19). Y veamos lo fuerte de las palabras en 1ª Timoteo 5:8, en donde NO
proveer para nuestra propia casa es tan “severamente” juzgado. Con respecto al
liderazgo el apóstol Pablo nos dejó el “ejemplo” de trabajar con sus propias manos
para no ser GRAVOSO a nadie (vea Hechos 20:34-35). Y cuando estuvo preso lo
mantuvo el gobierno como a todo preso. Jamàs predicò acerca del diezmo, ni
mucho menos a favor de una vida de lujos con dinero ajeno.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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