“El celo por tu casa me
consume”
(Salmo 69:9).
Celo, es tener interés en
algo o cuidar de algo; los celos, son significado de temor, de ansiedad, de
sentirse amenazado por algo o por alguien. Dios tiene “celo” por su casa; los
hombres sentimos “celos” por la nuestra. ¡Pidamos a Dios un honesto celo por su
casa!
La razón por la que Dios
tiene celo por su casa (Iglesia), es porque en ella se està preparando la que
será la esposa del Cordero (Apocalipsis 19:7). Vestida de lino fino, limpio y
resplandeciente (verso 10). Y en Efesios 5:27 se nos explica que esa mujer, esa
Iglesia tiene que estar santificada e inmaculada en TODA su gloria.
Preguntamos: ¿Està la Iglesia de Cristo, santificada, inmaculada y en TODA su
gloria el dìa de hoy? Definitivamente que no, màs bien està “contaminada” con
los negocios del mundo; con las costumbres del mundo; con el estilo de vida del
mundo; con la música del mundo; con espectáculos del mundo. “Afanada” en
actividades; en ideas para llenar las sillas y en métodos sofisticados para
pedir dinero, pero lejos de estar pendientes de “santificar” a las ovejas.
Olvidada se ve en el horizonte aquella Iglesia primitiva, en donde los miembros
se reunían a perseverar en la doctrina de los apóstoles. ¡Un evangelio de
abstinencia no de abundancia! ¡El evangelio de la cruz no el de la prosperidad!
Se reunìan para tener “comunión” unos con otros, no para promover el
“engrandecimiento” de la obra o la “exaltación” del lider; se reunían para “compartir”
el pan, no para “pedir” por el pan; y por último, se reunían para “oración”, no
para preparar “eventos y celebraciones”. El Señor no viene por una Iglesia
alegre y enfiestada, viene por una Iglesia Santa y apartada (Apocalipsis 3:17).
¡Mirad que nadie os engañe!
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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