viernes, 23 de junio de 2017

¡Fuè Dios!


“No fuisteis vosotros los que me enviàsteis aquí”
(Gènesis 45:8).

Josè, el hijo preferido de Jacob. Aquèl joven que habiendo recibido sueños de parte de Dios, se ganó la antipatía de sus hermanos, al extremo que fue vendido porque lo llegaron a aborrecer (Gènesis 37:4), por el hecho que exponía las “malas acciones” de sus hermanos (vea el verso 2).

Aprovechando la primera oportunidad que tienen, los hermanos de Josè… se deshacen de èl, y lo sacan de su vista y de la casa. Pero sucede, al pasar los años, que quienes entran en hambre son ellos y no Josè. Quienes tienen necesidad de auxilio son ellos y no Josè; quienes se tienen que humillar y pedir perdón son ellos y no Josè. En uno de los capítulos màs emotivos de la escritura, Josè se da a conocer a sus hermanos, y èste ante el asombro y desconcierto de ellos, les dice: ¡No fueron ustedes, fue Dios quien me envió aquí” (verso de arriba). ¡Cuàntas veces (en ocasiones por años) el Señor nos ha hablado de un tema que quiere tratar con nosotros, y nosotros en lugar de entender, expulsamos de nuestra presencia a quienes han sido enviados! Hasta que llega el dìa, gracias al amor y la misericordia de Dios, que entendemos que esas personas a las que llegamos a aborrecer porque expusieron nuestras malas acciones… ¡las había enviado Dios!.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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