“Y dejará a su padre y a su madre…”.
(Génesis 2:24).
El matrimonio como ya vimos, Dios lo instituyó para
una finalidad “principal” que solamente un hombre y una mujer pueden llevar a
cabo… la procreación y multiplicación de la especie (Génesis 1:28).
Algunos puntos que la biblia nos recomienda para un
matrimonio estable y feliz: 1) Lo “ideal” en el matrimonio es que se realice
entre personas de la misma nacionalidad, raza, cultura, estrato social y
tendencias espirituales (Josué 23:12-13). Esto impediría que tanto las
costumbres materiales como las espirituales de vida sean un estorbo para una
feliz convivencia. 2) Lo pueden realizar personas solteras, solteras por viudez
y hasta personas divorciadas que hayan sido víctimas de infidelidad (adulterio)
por parte de sus parejas, en cuyo caso quedan libres del compromiso (1ª.
Corintios 7:8; Mateo 5:32 y Levítico 20:10). Esto es con la finalidad de tener
toda la bendición de Dios bajo su techo. 3) El sexo en el matrimonio
ciertamente es para procrear hijos, pero cumplida esa misión, el sexo debe ser
un motivo de unión y placer para la pareja, las escrituras son suficientemente
claras en ese sentido. El libro de Cantares nos da claros ejemplos del sexo
que intima más a la pareja (Cantares 1:2; 7:8). Los santulones y religiosos que
han hecho del sexo dentro del matrimonio un “tabú” pecan en contra de Dios, y
son responsables de los deprimentes resultados por esas malas motivaciones, fue
lo que Cristo les reprochó tanto a los Fariseos: “Hacéis cualquier cosa para
hacer un prosélito (seguidor), para luego hacerlo dos veces hijo del infierno,
pues ni entráis al cielo vosotros ni los dejáis entrar a ellos” (Mateo 23: 13 y
15).
Señor: Señor danos un honesto celo por tu casa.
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