martes, 8 de mayo de 2018

“El evangelio de la cruz; el contentamiento; la gratitud”. (Parte dos).




 “He aprendido a contentarme”
(Filipenses 4:11).

Se dice que con respecto a nuestro estado de ánimo, el 10% es lo que nos sucede, y 90% qué actitud tomemos al respecto.

Ahora bien, una persona adulta y madura sabe que cualquiera que sea la pena siempre tiene un final (hasta hemos hecho una broma de ello: no hay mal que dure 100 años, ni enfermo que los aguante). Y, una persona adulta, madura y creyente con mayor razón debiera saber que Dios estará con él en esos momentos. A esa confianza, a esa seguridad, a la tranquilidad, y, a la fuerza que Dios nos da en medio de la pena o la angustia (no hemos notado que cuando vamos a consolar a un enfermo creyente, los que salimos consolados somos nosotros), es a lo que la biblia llama “Contentamiento” (Hebreos 13:5). Ahora bien, tener contentamiento, no implica que el día que enterremos un ser querido brinquemos en la funeraria al son de mariachis para aparentar felicidad, sino tan sólo que vamos a tener ACEPTACION en o por lo que estamos pasando, sabiendo que es parte del plan perfecto de Dios para nuestras vidas, y por lo tanto, reposaremos confiados en él (Hebreos 13:5), esa acción, esa actitud, esa aceptación será lo que nos haga diferentes a quienes no tienen a Cristo. Y, así como entendemos que el evangelio de la cruz no es un sufrimiento permanente, también así entendemos que el contentamiento tampoco implica un gozo permanente.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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