“He aprendido a
contentarme”
(Filipenses 4:11).
Se dice que con respecto a nuestro estado de ánimo, el
10% es lo que nos sucede, y 90% qué actitud tomemos al respecto.
Ahora bien, una persona adulta y madura sabe que
cualquiera que sea la pena siempre tiene un final (hasta hemos hecho una broma
de ello: no hay mal que dure 100 años, ni enfermo que los aguante). Y, una
persona adulta, madura y creyente con mayor razón debiera saber que Dios estará
con él en esos momentos. A esa confianza, a esa seguridad, a la tranquilidad, y,
a la fuerza que Dios nos da en medio de la pena o la angustia (no hemos notado
que cuando vamos a consolar a un enfermo creyente, los que salimos consolados
somos nosotros), es a lo que la biblia llama “Contentamiento” (Hebreos 13:5).
Ahora bien, tener contentamiento, no implica que el día que enterremos un ser
querido brinquemos en la funeraria al son de mariachis para aparentar felicidad,
sino tan sólo que vamos a tener ACEPTACION en o por lo que estamos pasando,
sabiendo que es parte del plan perfecto de Dios para nuestras vidas, y por lo tanto,
reposaremos confiados en él (Hebreos 13:5), esa acción, esa actitud, esa
aceptación será lo que nos haga diferentes a quienes no tienen a Cristo. Y, así
como entendemos que el evangelio de la cruz no es un sufrimiento permanente,
también así entendemos que el contentamiento tampoco implica un gozo permanente.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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