“Levántate y ve…”.
(Hechos 9:10).
Cuando estamos sujetos a alguien hemos de obedecer las
órdenes que ese alguien nos dicte.
Había en Damasco un profeta llamado Ananías, a quien
Dios le dijo: “Levántate, y ve a la calle Derecha y busca en casa de Judas a
uno llamado Saulo (Hechos 9:10-11). Ananías, aunque parezca que discute con
Dios, “ora” (con clamor), va y hace lo que fue enviado a hacer y el resultado
fue bueno. Pues Saulo de Tarso “escucha” y se convierte en el apóstol Pablo, el
apóstol a los gentiles (Hechos 15:1-7). ¿Cuál es el punto? El punto es, cuando
Dios nos habla para que vayamos y hagamos o digamos algo a alguien, y nosotros
hayamos “orado” para hacerlo y decirlo como él nos mandó, independientemente
del resultado, nosotros habremos cumplido con Dios. Qué haga la persona a la
cuál fuimos enviados con lo que Dios nos dijo que hiciéramos o le dijéramos ya
no depende de nosotros. Ananías, escuchó, oró, y fue a hacer lo que tenía que
hacer, el resultado fue tan bueno que muchos de nosotros hoy seguimos a Cristo,
gracias a la Gracia Divina que guió los escritos del apóstol. ¡No temamos hacer
lo que Dios nos dijo que hiciéramos, más bien temamos no hacerlo!. El resultado
depende del recipiendario no de nosotros.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario