“¿Restaurarás el reino en éste tiempo?”
(Hechos 1:6).
“Y los cielos retienen al Salvador “hasta” que TODO
sea restaurado” (Hechos 3:21).
No vale ni cabe la idea que el reino de Dios está “dentro”
de nosotros, y que por lo tanto el Reino de Cristo ya está establecido, porque nosotros
mismos como creyentes NO estamos dando ese testimonio de vida. Ya que el punto
se “enseña” desde lo espiritual, pero lastimosamente se “enfoca y se pretende
recibir y exhibir” desde lo material, puesto que somos “incitados” a vivir en
mejores condiciones de vida “económicas” más que espirituales. Condiciones que
no son necesariamente las que Dios tiene planeadas para todos. Se nos pasa por
alto que fue precisamente “esa equívoca apreciación” la que empujó a Judas a
vender al Cristo (Juan 18:36). Otro punto, si el reino ya fue establecido,
entonces ¿Por qué no reina la justicia ni siquiera dentro de la Iglesia misma?,
y, ¿Por qué razón no vemos las “grandes señales” que en ese reino se ofrecen? como
por ejemplo: ¿En dónde están viviendo el lobo y el cordero en paz? (Isaías
11:6). Es una verdad absoluta que cuando recibimos a Cristo en el corazón, dejamos
de ser parte de éste mundo, pero también lo es que seguimos en él, y por lo
tanto, estamos sometidos a sus presiones e influencias, esa fue la razón por la
cual Cristo intercedió por sus discípulos en Juan 17:15-16; y lo sigue haciendo
por nosotros a la diestra del Padre (Hebreos 4:16). ¡El Reino de Dios, aún NO ha
sido restaurado, de lo contrario el Cristo NO estuviera siendo retenido!
(Hechos 3:21).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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