lunes, 14 de mayo de 2018

¡No debemos huir!




“Fue y se ahorcó”.
(Mateo 27:5).

La vida nos pone en situaciones que a veces nos parecen extremas, tanto así, que quisiéramos “huir” de ellas a cualquier precio. Muchos lo hacemos “apartándonos”; otros “batallando”, y los menos, a Dios gracias… “quitándose la vida”.

Nosotros los creyentes, casi siempre caemos en una de las dos primeras opciones, porque hay algo que olvidamos, la vida del creyente es a diferencia de la del incrédulo: “Una permanente escuela de aprendizaje”. Y, de la misma forma que nosotros no podemos asistir a la universidad y quejarnos por los exámenes diciendo que allí llegamos para convertirnos en un médico, un abogado o un ingeniero y no para pasar pruebas parciales o finales. Así, de la misma forma, ninguno de nosotros podemos cruzar nuestro peregrinaje cristiano quejándonos por las pruebas (pues son nuestros exámenes). Porque sólo así podemos aspirar a la santidad (Santiago 1:2-3). Judas, cuando vió que el “reino” de Dios no era de éste mundo (Juan 18:36) (Por cierto, prueba innegable de que los que lo predican están compartiendo una herejía), “huyó”, desertando de las filas de los apóstoles y vendiendo al Cristo; para luego, darse cuenta de su error y cometer otro más grave, quitarse la vida (Mateo 27:5). Cada vez que tratemos de “huir” de las pruebas que Dios nos envía (Job 1:21), o, si lo preferimos decir de otra forma, de las “lecciones” del creyente, iremos cometiendo peores errores hasta que Dios, en su misericordia nos haga volver al camino verdadero o… lamentablemente muramos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario