“El que no toma mi cruz y me sigue”
(Mateo 10:38).
Desde ésta ventana nuestra línea de prédica está
basada en tres columnas: Una, el único evangelio que creemos verdadero es el de
“LA CRUZ DE CRISTO”; dos, que hemos de vivirlo con “CONTENTAMIENTO”; y tres, que
debemos tener “GRATITUD”.
Todos le tememos al sufrimiento, a pasar penas, a
vivir con limitaciones, a cualquier enfermedad, a una operación, a la falta de
paz, etc. Por ello, cuando alguien nos habla de un evangelio de la cruz, luego
nuestra mente y corazón viajan al mundo del “sufrimiento permanente en ésta
vida”, pero no es así. El evangelio de la cruz solamente nos implica que vamos
a tener “aceptación y ser realistas” de lo que nos sucede (Mateo 16:24). Nos
explicamos, si hay una enfermedad “hay” una enfermedad, no nos podemos poner a
negarla o a reprenderla, pues el hecho de que está allí es una realidad, simplemente
podemos negarla sería mentir y engañarnos a nosotros mismos. Conocemos personas
que por cometer esa barbaridad (negar la enfermedad y solamente reprender en
lugar de actuar), han visto morir a sus parientes en medio de “declaraciones de
sanación inefectivas”, con la respectiva dosis de frustración para quienes se
quedan. ¿Por qué? Pues porque la declaración vino de un corazón humano guiado
por sentimientos, no por la boca de Dios señalando su plan perfecto para la
vida del enfermo así como de quienes le rodean. A la “ACEPTACION” de la
voluntad de Dios (tanto de la enfermedad y sus consecuencias, en éste ejemplo) es
a lo que la escritura llama el “evangelio de la cruz”.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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