lunes, 7 de mayo de 2018

“El evangelio de la cruz; el contentamiento; la gratitud”. (Parte uno).




“El que no toma mi cruz y me sigue”
(Mateo 10:38).

Desde ésta ventana nuestra línea de prédica está basada en tres columnas: Una, el único evangelio que creemos verdadero es el de “LA CRUZ DE CRISTO”; dos, que hemos de vivirlo con “CONTENTAMIENTO”; y tres, que debemos tener “GRATITUD”.

Todos le tememos al sufrimiento, a pasar penas, a vivir con limitaciones, a cualquier enfermedad, a una operación, a la falta de paz, etc. Por ello, cuando alguien nos habla de un evangelio de la cruz, luego nuestra mente y corazón viajan al mundo del “sufrimiento permanente en ésta vida”, pero no es así. El evangelio de la cruz solamente nos implica que vamos a tener “aceptación y ser realistas” de lo que nos sucede (Mateo 16:24). Nos explicamos, si hay una enfermedad “hay” una enfermedad, no nos podemos poner a negarla o a reprenderla, pues el hecho de que está allí es una realidad, simplemente podemos negarla sería mentir y engañarnos a nosotros mismos. Conocemos personas que por cometer esa barbaridad (negar la enfermedad y solamente reprender en lugar de actuar), han visto morir a sus parientes en medio de “declaraciones de sanación inefectivas”, con la respectiva dosis de frustración para quienes se quedan. ¿Por qué? Pues porque la declaración vino de un corazón humano guiado por sentimientos, no por la boca de Dios señalando su plan perfecto para la vida del enfermo así como de quienes le rodean. A la “ACEPTACION” de la voluntad de Dios (tanto de la enfermedad y sus consecuencias, en éste ejemplo) es a lo que la escritura llama el “evangelio de la cruz”.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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