miércoles, 9 de mayo de 2018

“El evangelio de la cruz; el contentamiento; la gratitud”. (Conclusión).




 “Dad gracias en todo”
(1ª Tesalonicenses 5:18).

Un maestro en el Instituto Bíblico nos enseñó hace 30 años: “La gratitud, quizás no nos abra las puertas del cielo; pero, el no tenerla seguro que nos las cierra”.

El apóstol Pablo nos exhorta en sus epístolas a los Tesalonicenses, a que tengamos gratitud por lo que nos sucede. En la escuela dominical se nos enseñó de niños: “Procura ver para abajo, pues las personas que están con mayores dificultades, con mayores penas, con mayores necesidades son más que las están arriba tuyo con mejores condiciones de vida”. Según estadísticas de El Foro Económico Mundial, Oxfam, siete de cada diez hombres en el mundo no ganan lo suficiente para mantener a sus familias. Francisco de Quevedo, uno de los primeros e insignes poetas españoles de 1,500, hizo una gran declaración acerca de la gratitud: “El agradecimiento, es la parte principal de un hombre de bien” (un hombre de bien no puede ni debe explotar a sus trabajadores). En otro sentido, no conocemos ni por asomo la gratitud, cuando creemos que lo que recibimos es menos de lo que merecemos. Y, en lo espiritual “toda” persona que está al frente de un Ministerio de Dios, debiera practicar y enseñar que guardemos gratitud por lo que “Dios” y “otras personas” han hecho por nosotros (Job 1:21). ¡Señor, bendice a todo aquél que en su momento nos extendió la mano!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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