miércoles, 2 de mayo de 2018

¡No dejemos de cumplirle a Dios!




“Te lo ofreceré en holocausto”.
(Jueces 11:31).

Nunca ofrezcamos algo a Dios si en nuestro corazón no está el cumplirle (Eclesiastés 5:5). Ananías y Safira murieron por no cumplir su promesa y por el amor al dinero (Hechos 5:4 y 8).

Corrían los tiempos de los Jueces en Israel, los amonitas (tribu enemiga de Israel, cuyo origen fue el acto incestuoso de la hija menor con Lot, Génesis 19:38), querían despojar de sus tierras a los israelitas, y un valiente, llamado Jefté, poseído por el Espíritu del Señor, va y recupera las tierras para su pueblo, pero, habiéndole dicho a Jehová: “Si me das la victoria te ofreceré en holocausto a quien salga primero de mi casa a recibirme al regresar” (Jueces 11:31). Jefté va, obtiene la victoria y a su regreso quien primero sale a recibirle es su hija (Jueces 11:34), a Jefté se le rompe el corazón pues ella era hija única, pero le cumple la promesa al Señor con contentamiento y la da en holocausto (la dedica, no la sacrifica, versos 37 y 39), como resultado obtiene la bendición, el cuidado y el respaldo de Dios. La lección es, no seamos de las personas que cuando están en problemas buscan a Dios, le hacen y le dicen mil promesas pero en cuanto nos cumple lo que queríamos o necesitábamos, nos olvidamos de lo que le dijimos o prometimos. Y, cuando lo ofrezcamos tampoco lo hagamos de mala manera como lo hizo Caín.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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