“Te lo ofreceré en holocausto”.
(Jueces 11:31).
Nunca ofrezcamos algo a Dios si en nuestro corazón no
está el cumplirle (Eclesiastés 5:5). Ananías y Safira murieron por no cumplir
su promesa y por el amor al dinero (Hechos 5:4 y 8).
Corrían los tiempos de los Jueces en Israel, los
amonitas (tribu enemiga de Israel, cuyo origen fue el acto incestuoso de la
hija menor con Lot, Génesis 19:38), querían despojar de sus tierras a los
israelitas, y un valiente, llamado Jefté, poseído por el Espíritu del Señor, va
y recupera las tierras para su pueblo, pero, habiéndole dicho a Jehová: “Si me
das la victoria te ofreceré en holocausto a quien salga primero de mi casa a
recibirme al regresar” (Jueces 11:31). Jefté va, obtiene la victoria y a su
regreso quien primero sale a recibirle es su hija (Jueces 11:34), a Jefté se le
rompe el corazón pues ella era hija única, pero le cumple la promesa al Señor
con contentamiento y la da en holocausto (la dedica, no la sacrifica, versos 37
y 39), como resultado obtiene la bendición, el cuidado y el respaldo de Dios.
La lección es, no seamos de las personas que cuando están en problemas buscan a
Dios, le hacen y le dicen mil promesas pero en cuanto nos cumple lo que
queríamos o necesitábamos, nos olvidamos de lo que le dijimos o prometimos. Y,
cuando lo ofrezcamos tampoco lo hagamos de mala manera como lo hizo Caín.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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