“Ven… y ve”.
(Juan 1:46).
Cuando encontramos algo verdaderamente bueno para
nosotros, lo primero que se nos viene a la mente es: “Quiero compartirlo con mi
gente”.
Felipe encuentra al Jesús de Nazaret, y al descubrir
por medio de una revelación del Espíritu, que es el anunciado Hijo de Dios de
las cuales las escrituras hablan, corre con Natanael y le dice: “Hemos hallado
a Aquél de quien Moisés escribió”, y luego cierra su alocución con las
palabras: “Ven… y ve”. Felipe sabía que los ojos hablan más que las palabras,
así que incita a Natanael a que “vaya y mire” al Mesías (Juan 1:46). Nosotros
los creyentes quisiéramos que cuando descubrimos el amor y la ternura de nuestro
Dios, amor y ternura que son capaces de sacarnos de los agujeros en los cuales
hemos estado enredados toda la vida, nuestros seres queridos también lo tengan.
Lastimosamente, en muchas ocasiones aunque les decimos: “Ven… y ve”, la
escritura es muy clara al respecto: “NADIE, viene al Padre, sino por el Cristo”
(Juan 14:6); y “NO es del que quiere, NI del que corre, sino del que DIOS tiene
misericordia” (Romanos 9:16). A nosotros como creyentes solamente nos
corresponde “luchar” por tener un “estilo” de vida diferente, influyente y
atrayente, para que los demás anhelen tener lo que nosotros ya tenemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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