“He aquí mi siervo”
(Isaías 42:1).
La palabra “siervo” en el original es la palabra
“doulos” que quiere decir: “esclavo”. La definición de esclavo es: “Persona que
carece de voluntad y libertad propia, por estar sometida de forma absoluta a
otra persona”.
Luego, un siervo de Dios tenemos qué definirlo
obligatoriamente de la siguiente forma: “Persona que carece de voluntad y
libertad propia, por estar sometida de forma absoluta a Dios”. Es por ello, que
sostenemos muy firmemente que “nadie” debiera hacerse de un cargo eclesiástico
sin el “llamamiento” de Dios, pues NO podrá cumplir con éste primer y principal
requisito. No señalaremos a nadie ni estaremos juzgando a nadie, simplemente,
expondremos las cualidades del “verdadero siervo de Dios” según las escrituras,
cada quien forme su propio juicio. Así, el “siervo de Dios” por excelencia fue
nuestro Señor Jesucristo, veamos sus cualidades, virtudes y circunstancias: (Cualidades)
1- Es “escogido” por Dios (Isaías 42:1). No es alguien que se autonombra para
el cargo; no es una persona que decide por sí misma y que dice: “Yo me ofrezco”;
tampoco es alguien nombrado por “necesidad”. 2- Es alguien que vive con
“contentamiento” por ello es “obediente” al cien por ciento (Isaías 42:1). Es
también por éste contentamiento que respeta, vive e instruye bajo las leyes y
las normas de Dios, no llega al ministerio a “implantar” sus normas y a “crear”
sus propias leyes por caprichos o necesidades personales (Isaías 58:1-7).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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