“Y esta es la vida eterna…”
(Juan 17:3).
Creyentes y no creyentes, asociamos el infierno con un
lugar de fuego y tormentos.
Según las escrituras, físicamente en el infierno
ciertamente habrá fuego y tormento (Mateo 25:41). Veamos cómo se describe en Lucas
16:19-31, en donde se nos narra la historia de un rico y Lázaro, un pobre: 1-
Vivir los tormentos de un infierno es real, no una analogía (verso: 23); 2- Se
tienen necesidades, sentimientos, emociones, temores y vemos la existencia de
fuego (verso 24); 3- Claramente nos explica que no se puede tener todo en ésta
vida, vivir “egoístamente”, y tenerlo también todo en la otra (verso 25); y 4-
Media vez se entra al infierno ya no se puede salir (verso 26). Pero las
escrituras también nos dan “otras” luces de lo que es vivir un infierno. En el
evangelio del apóstol Juan, 17:3 leemos: “Y ésta es la vida eterna… que te
conozcan Padre”. Este verso nos enseña lo siguiente: 1- Conocer a Dios (tener
una estrecha relación con él) es tener vida eterna (tenerlo todo); 2- Por lo
tanto, una vida sin la presencia de Dios es vivir en un infierno (desagradable
y sin nada). Quizás ahora, podamos entender mejor, el por qué, personas que no
tienen una relación íntima con Dios, cuando tienen problemas se agobian tanto
que se suicidan o se dan al abandono. ¡Eso, es un infierno!
Nota: No estamos implicando que ser rico es pecado,
que no se pueda ser rico, o que las riquezas son malas o pecaminosas. Dice la
escritura que lo que Dios y los hombres censuran, es al rico “egoísta y
acaparador” (Proverbios 11:26).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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