viernes, 9 de marzo de 2018

El infierno (Conclusión).




“Temed a aquél que os puede echar al infierno…”
(Lucas 12:5).

Ninguno estamos libres de poder vivir un infierno, y menos, si hay “alguien” que está interesado en ello. Pero ¿Quién es?  Cristo dijo: “Mirad, que nadie os engañe” (Mateo 24:4).

“Todo lo que o el que se levante contra Dios” (2ª Tesalonicenses 2:4), nos puede echar al infierno. El apóstol Pablo se lo explica a Timoteo en ésta carta, haciéndole ver: “Todo lo que sea objeto de culto” es ese alguien o algo que nos puede echar al infierno. Por ello es que las escrituras nos hacen ver muy claramente que él es un Dios paciente y misericordioso, pero… también es “celoso” de lo suyo y de los suyos (Deuteronomio 5:9). Dios es tan claro al respecto de las pasiones y de los cultos ajenos a él, que nos lo explicó claramente en el siguiente pasaje: “Por NADA estéis afanados” (Filipenses 4:6). La pregunta es: ¿Qué significa nada? Significa NADA o significa que hay alguna excepción?  ¡Significa NADA!  Esto nos lleva hasta el punto que lo único importante para Dios es él (como ser, como individuo), y ni siquiera el templo, ni los cultos, ni las reuniones en la iglesia, ni las ofrendas, ni ningún otro tipo de actividad más que su adoración personal e íntima (Oseas 6:6). ¡Velemos porque nadie nos engañe poniendo “trampas” con oscuras y personales intenciones… podría estarnos metiendo en un infierno, aunque éste, parezca muy espiritual!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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