“Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti”
(1ª Crónicas 29:15).
¿Qué fue el desierto? ¿Qué pasó en el desierto? ¿Por
qué es una analogía o un ejemplo para el creyente el desierto?
Cuando el pueblo de Dios entró al desierto era porque
había dejado atrás Egipto (figura del mundo
como lo hemos comprobado Exodo 12:41 y 13:3), analogía de nuestro nuevo
nacimiento. En el desierto, el pueblo de Dios viajaba “livianamente de equipaje”
(Deuteronomio 29:5). En el desierto hubo necesidad de agua (Exodo 15:22); (el
agua representa la palabra de Dios que es la que nos da vida diaria Juan 4:14).
En el desierto había un calor desesperante (las pruebas en la caminata son representadas
con ese calor. Exodo 15:22). Con razón las escrituras nos dan el ejemplo de “Aquél”
que habría de ser nuestro guía, cuando del Cristo se dice: “Quien por el gozo
puesto delante de él, soportó la cruz” (sufrimientos… un desierto. Hebreos
12:2). Nadie pues, que haya sido llamado por Dios para predicar SU palabra,
debiera enseñarnos otra doctrina que no sea la de la cruz de Cristo, sino
más bien que somos peregrinos, y como tales, nuestro equipaje “tiene que ser
ligero”. ¿Estamos viviendo nosotros como extranjeros y peregrinos? ¿Estamos
enseñando a nuestros hijos y nietos a vivir como peregrinos? ¿Estamos
predicando un peregrinaje ligero? ¿Estamos predicando la doctrina de la cruz de
Cristo?
Nota: Creer y predicar la doctrina de “La cruz de
Cristo”, NO implica un peregne sufrimiento como peregrinos, sino tan sólo
ACEPTAR que como creyentes hemos de sufrir pero que Cristo nos acompañará en
ese sufrimiento (Juan 16:33).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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