“Los gentiles buscan todas éstas cosas”.
(Mateo 6:32).
¡Eso es lo que los gentiles buscan! Esa, fue la expresión de nuestro Señor
Jesucristo cuando habló del tema. La idolatría de la persona al querer ser
“reconocida” como un gran predicador, como el “doctor” en las escrituras, como
el “reverendo”, como el “apóstol”.
Claro que hay pastores, maestros, evangelistas,
profetas y hasta apóstoles actualmente, pero quien los nombra, quien los unge,
no son los hombres sino Dios (Efesios 4:11). Lo único que demuestran quienes buscan
títulos y reconocimientos es que NO son creyentes, no son personas nacidas de
nuevo, ¡son gentiles, comerciantes de la fe! (Mateo 6:32). Son personas que
están viendo los asuntos de Dios como negocio propio. Miran los ingresos de la
congregación como “cuchubales” y “fuentes de ingresos personales”, pero nunca
como un medio para ayudar a los necesitados, que era la idea primordial de la
Iglesia primitiva (Hechos 2:44-45). Recalcamos, en el ámbito espiritual
“verdadero” no hay reconocimientos de éste tipo, o se recibe o no se recibe
unción de los cielos. Y la unción solamente viene cuando estamos dedicándole
nuestro tiempo al Señor. ¿Queremos unción?
Entonces vayamos a nuestro “aposento santo” con el Señor y pasemos horas
estudiando, orando y preguntándole a él qué es lo que hay en su corazón, y qué quiere
que su pueblo entienda, pues por la falta de entendimiento es que los “gentiles”
buscan su propia gloria, títulos y honores (Oseas 4:6).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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