lunes, 12 de marzo de 2018

Peregrinos (Parte uno)




“Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti”
(1ª Crónicas 29:15)

Peregrino: “Persona que pasa, con dificultades, por lugares extraños”. Así define nuestro diccionario ésta palabra. Y la escritura nos llama “Forasteros y peregrinos”.

Desde las primeras lecciones en la escuela dominical se nos enseña que somos peregrinos mientras estamos en ésta tierra. Lastimosamente no se nos enseña lo que es, o, lo que representa un peregrino. Su definición, al conocerla, nos debiera ampliar no sólo el conocimiento sino también el entendimiento. Pues un peregrino es una persona cuyo equipaje… “tiene” que ser liviano. Jamás un peregrino ha viajado con mucho equipaje, como creyentes tampoco lo podremos hacer. Con justa razón entonces las escrituras nos hablan así de nuestro Padre espiritual Abraham: “Por la fe, habitó como peregrino, viviendo en tiendas  (ligeramente), y eso, enseñó a su hijo y a su nieto” (Génesis 18:19 y Hebreos 11:9). Si realmente hemos entendió éste concepto, se tiene que evidenciar en que no podemos ser creyentes materialistas. Si nuestras metas y nuestros deseos tienen que ver con tener posesiones y posiciones… ¡tenemos que entender que estamos mal!  Si nuestros ojos están puestos en las pasiones y deseos de la carne… ¡tenemos que entender que estamos mal!  Si nuestra meta es ser reconocidos en cualquier ámbito de liderazgo… ¡tenemos que entender que estamos mal! (1ª Pedro 2:11).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




No hay comentarios:

Publicar un comentario