“He aquí mi siervo”
(Isaías 42:1).
El capítulo 10 del evangelio de San Juan, nos explica
más detalles de un Siervo:
El buen siervo “Conoce” a sus ovejas por nombre
(Juan 10:3). No es posible que un siervo tenga “tantas” ovejas, que se tenga
que enterar en la “calle” que alguien que no conoce personalmente asiste a su
congregación. “El buen siervo “saca” a sus ovejas a libertad (Juan
10:4). No permite que sean esclavas de ninguna manera, ni mucho menos las esclaviza
él. El buen siervo “enseña” a sus ovejas que hay otros rediles además
del suyo (Juan 10:16). No es un siervo que cree y hace creer a sus ovejas que “solamente
allí” se tiene toda revelación y toda
verdad, y que los demás están equivocados. Las “obras” del buen siervo,
hablan por él (Juan 10:25). Un siervo
verdadero no es una persona que da “cobertura, seguimiento y consejo”
solamente a aquellas ovejas de las que recibe algo a cambio; el buen siervo da
su vida “sin interés” alguno por todas. Cristo jamás usó ni utilizó el
ministerio para beneficio propio ni de sus discípulos, sino al contrario,
incitaba a todos a que cubrieran las necesidades del prójimo (Juan 10:32y38),
es más, ese será el termómetro de medida el día de su pronta manifestación
(Mateo 25:31-40). “Otros, de buen testimonio comprobado, no serán sus
detractores sino serán testigos fieles de que él… es un siervo fiel” (Juan
10:41). Un siervo de Dios será una persona que no sólo habla de fe, sino que la
demuestra sirviendo a Dios por fe no por un salario.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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