“No gritará…”
(Isaías 42:2).
El diccionario define el grito como: “Alborotar, bramar
o chillar”, y explica: Es “típico” de los niños para llamar la atención.
Las escrituras nos muestran en el libro de Isaías, en
el capítulo 42 que, cuando el “siervo” de Dios venga (y explica muy claramente)
“Mi” escogido, al que “YO” sostendré, en el que mi alma tiene contentamiento…
¡No gritará, ni alzará su voz! (Isaías 42:2-3) porque “no quebrará la caña
cascada” (verso 3). En los tiempos de Cristo, la luz nocturna era proporcionada
por lámparas (quinqués) con mecha (a la cuál llamaban caña cascada), y cuando
ya tenían poco combustible y estaban a nada de apagarse se debían tratar con
mucho cuidado, pues de lo contrario terminarían ahogándose y se apagarían. Cristo,
a quién Dios se refirió en el libro de Isaías como “su” siervo, es aquél a
quien los proclamadores de su palabra decimos seguir hoy, y, estamos
representados en éstos versos. Por lo tanto, si decimos que estamos siguiendo “sus”
pasos, debemos también cumplir con seguir “sus” lineamientos. Luego entonces,
si queremos que las cualidades de Dios para su elegido se vean cumplidas en
nosotros, debemos seguir “sus” métodos, así podremos considerar que somos “sus”
escogidos, “sus” siervos; aquellos a quien “él” sostiene; y que, por supuesto, dan
contentamiento a su alma (verso 2).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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