“Y también subió con ellos gran multitud”.
(Exodo 12:38).
Cuando Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto,
tenemos la idea de que solamente sacó descendencia Abrahámica (Israelitas)
hacia la tierra de Canaán, pero no fue
así.
La narración de Exodo 12, nos habla que gentes de
Egipto, “extranjeros” para el pueblo de Israel, se unieron a ellos cuando
vieron las “maravillas” (milagros) que Dios había hecho para librarlos de su
esclavitud. La confirmación a éste verso 38 nos la da el verso 49 en donde Dios
declara firmemente que “ellos” (los extranjeros), si deseaban habitar con Su
pueblo habían de cumplir las “mismas” leyes. Esto nos trae una lección
espiritual muy importante que el Apóstol Juan nos da en 1ª Juan 2:19, al pueblo
de Dios actual (Iglesia) se han agregado muchos extranjeros (gentes que no son
pueblo), personas que están dentro por “conveniencias” (las maravillas y los milagros)
pero que no están dispuestos a “pagar el precio” por caminar con el Señor. El
mismo lo dijo: “Quien NO tome su cruz y me siga, no es mi discípulo” (Mateo
16:24). Debemos, pues, cuidarnos de al menos dos situaciones: Primero, estar
seguros que nosotros sí somos pueblo (teniendo contentamiento y no
quejándonos ni murmurando por lo que nos pasa o deja de pasar); y segundo,
estar atentos a que gentes “infiltradas” no nos convenzan de rebelarnos en
contra de lo que Dios ha ordenado (Gálatas 5:19-21).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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