“Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti”
(1ª Crónicas 29:15).
Toda la caminata del creyente es un continuo pasar por
lugares “extraños”, y, dice la escritura, analógicamente, que se pasa con
“dificultades”. El ejemplo lo encontramos desde el principio de la fundación
del pueblo de Dios, Israel, cuando es sacado de Egipto y metido en un desierto
por 40 años.
Reniegan, se quejan, se rebelan y hasta mueren en ese
desierto… simplemente porque NO entendieron nunca, que para llegar a la tierra
prometida, había que pasar primero por un desierto (Exodo 7:16 y Deuteronomio
8:2). Es por ello, en base bíblica, que NO compartimos la doctrina de la “prosperidad”.
Esta doctrina es un invento del enemigo para inducir a los creyentes ingenuos
que “toda” la gloria de Jehová ya está habitando “en” nosotros (la gloria de
Jehová estaba en la “nube” no en la tierra) (Exodo 16:10). Qué ya estamos
gozando del “reino”, y que por lo tanto, ya hemos de gozar y gobernar con poder,
y qué, ese poder se encuentra en nuestras “declaraciones” (antojadizas y egoístas).
Sin darnos cuenta que quizás nuestras “declaraciones” van en contra de la
voluntad y los planes eternos de nuestro Dios. Se nos enseña a declarar en
contra de la enfermedad, en contra de la muerte, en contra de la pobreza, sin
saber si “precisamente esas circunstancias” son el plan perfecto de Dios. En una ocasión Cristo le dijo al gran líder y
apóstol Pedro: “Apártate de mi SATANAS” por haber “declarado” en contra de los
planes perfectos de Dios (Mateo 16:23). ¡No cometamos el mismo error!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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