“Los gentiles buscan todas éstas cosas”.
(Mateo 6:32).
Once años para bachillerato; cinco de universidad; dos
de maestría, y, tres para la especialización. Y entonces, luego de 24 ó 25 años
de estudios, en lugar de ser el Sr. Pérez, o, el ingeniero Pérez, nos
convertimos en el Dr. Pérez.
Lo hemos expresado en varias oportunidades, un
profesional luego de muchos años de estudios alcanza un reconocimiento tal, que
cuando expresa su opinión, se vuelve “casi” una ley. Así, en cualquier
seminario de profesionales de la medicina por ejemplo, el más veterano o quien
haya estudiado más, es el último y máximo exponente del tema. Y, todos, aceptan
su opinión como la más certera o autoritaria. ¿Por qué? Por su tiempo de
estudios, por su experiencia y por su edad cronológica. Esto es tan cierto
dentro y fuera del ámbito profesional, que cuando nos enfermamos siempre
buscamos al doctor con más experiencia o fama en el ramo. Ahora bien, en los
caminos del Señor: ¡No hay doctorados!
En lo espiritual lo que existe, independientemente del tiempo de
estudio, de la experiencia, o, de la edad cronológica, es el tiempo que se pase
delante del Señor. Así, una persona que tiene poco tiempo en los caminos espirituales,
pero que se postre a diario ante Dios, puede enseñarnos a algunos que llevamos
muchos años en los caminos espirituales (1ª Timoteo 4:12). Eso se conoce como “unción”,
y no se puede comprar… se recibe directamente de estar, como dijimos, postrado
ante la presencia de Dios (Hechos 8:20). Hay quienes la tienen ya, otros la
seguimos buscando.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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