“No es bueno que el hombre
estè solo”
(Gènesis 2:18).
Cristo, el Mesìas, el Hijo
de Dios llegó un momento en el que, aùn estando rodeado de gentes sintiéndose
sòlo exclamò: “Padre, por què me has abandonado” (Mateo 27:46). Asì que, escrituralmente,
cualquiera que se “jacta” de estar solo lo único que hace es engañarse a sì
mismo, pues està tratando de ocultar: egoísmo, orgullo, resentimiento,
justificación, o autocompasión. Pero los demás lo ven.
La soledad en una persona NO
siempre es provocada por la persona misma, pues hay factores que no dependen de
uno, una enfermedad contagiosa, un abandono, una viudez, etc. (lo hemos visto y
vivido, y eso, es muy distinto a “jactarse”). El punto, es que, hasta donde
dependa de nosotros la soledad no debiera de ser una “opción”. No hay como
tener una mano acompañándonos a cualquier lado que vamos; un abrazo que nos
ayude en el momento oportuno; un hombro o un pecho en dònde recostarnos sana y
dignamente; una palabra de aliento o de consuelo en el momento difícil, etc. La
misma biblia nos enseña las virtudes de no estar sòlo: “Hay màs fruto en el
esfuerzo”; “Si uno cae, el otro le ayuda a levantarse”; “Cuando se acuestan se
dan calor”; “dos, son màs difíciles de vencer que uno”; “Una cuerda tarda màs
en romperse que un hilo” (Eclesiastès 4:9-12). “Creer” que podemos solos està
en contra de los planes de Dios (Romanos 14:7a).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario