jueves, 21 de diciembre de 2017

¡Este penoso trabajo! (Parte cuatro).



“Todo es vanidad y aflicción de espíritu”
(Eclesiastès 1:14).


Sì, si hemos dado a nuestra gente lo que alcance para cubrir sus necesidades, si ya tenemos nuestras obligaciones cubiertas… ¿Què hay de malo en que disfrutemos de lo que nos sobra, puesto que lo recibimos de Dios? (Eclesiastès 2:24)

Pero tambièn, ¿Què hay de malo en compartir con el necesitado? ¿Què nos impide tener presente al menos proveìdo?  (Gàlatas 2:10). Nuestros ancestros nos enseñaron que en el mundo hay “mendigos”, personas que por su poco esfuerzo, por su propio abandono, por su falta de lucha… están pasando hambre y viviendo de lo que les regalan, esa, es su justa paga. Pero tambièn nos enseñaron que hay “mendigos vergonzantes”, èstos, son aquellos que no buscaron burlarse de la vida, sino, màs bien, la vida hizo lo posible por avergonzarlos… quieren trabajar, pero no encuentran en dònde; una enfermedad no buscada, los llevò a lìmites extremos de escasez; errores ajenos a su buena voluntad o de terceros, los pusieron en situación de limitación, etc. En otras palabras, son personas que si tienen la oportunidad de salir adelante la “aprovecharàn”, no son personas que se hayan “acomodado” a una vida de precariedad, esperando que sea otro quien los saque de allì. A èstos, especialmente, podemos ayudar si està en nuestras manos (1ª Juan 3:17).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   


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