“Todo es vanidad y aflicción
de espíritu”
(Eclesiastès 1:14).
Sì, si hemos dado a nuestra
gente lo que alcance para cubrir sus necesidades, si ya tenemos nuestras
obligaciones cubiertas… ¿Què hay de malo en que disfrutemos de lo que nos sobra,
puesto que lo recibimos de Dios? (Eclesiastès 2:24)
Pero tambièn, ¿Què hay de
malo en compartir con el necesitado? ¿Què nos impide tener presente al menos proveìdo? (Gàlatas 2:10). Nuestros ancestros nos
enseñaron que en el mundo hay “mendigos”, personas que por su poco esfuerzo,
por su propio abandono, por su falta de lucha… están pasando hambre y viviendo
de lo que les regalan, esa, es su justa paga. Pero tambièn nos enseñaron que
hay “mendigos vergonzantes”, èstos, son aquellos que no buscaron burlarse de la
vida, sino, màs bien, la vida hizo lo posible por avergonzarlos… quieren
trabajar, pero no encuentran en dònde; una enfermedad no buscada, los llevò a
lìmites extremos de escasez; errores ajenos a su buena voluntad o de terceros,
los pusieron en situación de limitación, etc. En otras palabras, son personas
que si tienen la oportunidad de salir adelante la “aprovecharàn”, no son
personas que se hayan “acomodado” a una vida de precariedad, esperando que sea
otro quien los saque de allì. A èstos, especialmente, podemos ayudar si està en
nuestras manos (1ª Juan 3:17).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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