¿Quièn os estorbò?
(Gàlatas 5:7).
Si usted es de aquellos que
eventualmente sigue èstos mensajes, recordarà que hace unos meses vimos algo
acerca de los “estorbos” en la vida del creyente, pues hoy veremos otra arista
de esa vivencia.
El mensaje decía básicamente
lo siguiente: Abigaìl era una hermosa joven que había sido dada como esposa,
por intereses económicos, a un hombre viejo pudiente pero patàn como lo era
Nabal. Este vino a ser un “estorbo” para la joven Abigaìl, por lo que Dios le
envió una enfermedad, la cuàl en diez días lo llevò a la tumba (1ª Samuel
25:38). En otro caso, cuando Saùl se convirtió en un “estorbo” para David, por
su propia envidia, Dios no sòlo apartò su Espìritu de Saùl sino le envió a una
batalla de la cuàl nunca regresarìa. (1ª Samuel 31:1-4). Luego vimos còmo
Herodes era un “estorbo” para el entonces niño Jesùs, y Dios le hace ver a Josè
en un sueño, que huya a Egipto para traerlo de vuelta un tiempo después cuando Herodes
fuera quitado del camino (Mateo 2:3,13 y 15). Ahora bien ¿Quièn quitò los “estorbos”
de Abigaìl, David y Jesùs? Fue Dios.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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