“Nadie tiene un mayor amor”.
(Juan 15:13).
El amor “verdadero”
entonces, no es aquèl que deja de dar porque ya no recibió. Ni mucho menos
aquèl que se va porque la belleza física se terminò. El amor verdadero nunca
deja de ser, ni aùn, después de que el otro fallece (1ª Corintios 13:8).
Dios no deja de darnos
bienestar todos los días a pesar de que pecamos; Dios no se aleja de nosotros
porque no le correspondemos; Dios nunca deja de ser y estar para nosotros pase
lo que pase (Romanos 5:8). Y ese es el patrón que nosotros los creyentes
tenemos que tener para con nuestras parejas. Cuando decimos que “Si” a Dios, èl
nunca deja de sernos fiel. Cuando nosotros le decimos que “Sì” a nuestra pareja
nunca debemos dejarle de ser fiel. Por ello, todo hombre que se aleje del
consejo de Dios, corre riesgos y pone en riesgos a su esposa y familia; y toda
mujer que se aleje de la protección del esposo que se somete a Dios, corre
riesgos ella y hace correr riesgos a su esposo e hijos. Es un privilegio muy
grande que debemos respetar y honrar el tener una pareja que ame, respete y
obedezca a Dios y a nosotros. No debiéramos menospreciarlo… en la riqueza y
menos en la pobreza; en la salud y menos en la enfermedad.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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