“Si bien hicieres, ¿No seràs
enaltecido?
(Gènesis 4:7).
La orden para Adàn fue: ¡ve
y se fructìfero con… tu mujer! (*) (Gènesis 1:28). Y Adàn asì lo hizo. Nace su
primer vástago, Caìn; y luego el segundo, Abel. Ambos fueron educados de la
misma forma y ambos vieron el mismo ejemplo de sus padres.
Siendo asì, ambos sabían que
había un ser superior a ellos que los había creado; que les había dado la vida;
y que les daba una oportunidad de señorearse sobre la tierra y sobre los
animales. Ambos sabían tambièn que había que hacer tributos o sacrificios de “gratitud”
para ese ser creador (Gènesis 4:3-4). Pero, mientras que Abel tenía un corazón
bondadoso, Caìn tenía un corazón egoista. Abel tenía un corazón agradecido,
mientras que Caìn se creìa merecedor. Abel querìa agradar el corazón de su
Creado, Caìn cumplìa con un rito. Abel sabìa lo que es tener contentamiento en
todo momento, Caìn tenía disgusto en su corazón. Esto provocò, que cuando ambos
llevaron sus ofrendas para hacer sacrificios, la de Abel fue acorde al corazón
de Dios, mientras que la de Caìn conforme al corazòn humano y eso lo frustrò en
extremo. ¿Cuàntas veces no vemos èsto mismo hoy en la Iglesia, y pretendemos que
los resultados sean distintos al de la historia?
(*) Dos hombres o dos
mujeres en matrimonio NO PUEDEN SER FRUCTÌFEROS (Levìtico 18:22) y es una
ABOMINACIÒN ante los ojos de Dios.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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