martes, 26 de diciembre de 2017

El resultado de hacer el bien (Parte uno).



“Si bien hicieres, ¿No seràs enaltecido?
(Gènesis 4:7).

La orden para Adàn fue: ¡ve y se fructìfero con… tu mujer! (*) (Gènesis 1:28). Y Adàn asì lo hizo. Nace su primer vástago, Caìn; y luego el segundo, Abel. Ambos fueron educados de la misma forma y ambos vieron el mismo ejemplo de sus padres.

Siendo asì, ambos sabían que había un ser superior a ellos que los había creado; que les había dado la vida; y que les daba una oportunidad de señorearse sobre la tierra y sobre los animales. Ambos sabían tambièn que había que hacer tributos o sacrificios de “gratitud” para ese ser creador (Gènesis 4:3-4). Pero, mientras que Abel tenía un corazón bondadoso, Caìn tenía un corazón egoista. Abel tenía un corazón agradecido, mientras que Caìn se creìa merecedor. Abel querìa agradar el corazón de su Creado, Caìn cumplìa con un rito. Abel sabìa lo que es tener contentamiento en todo momento, Caìn tenía disgusto en su corazón. Esto provocò, que cuando ambos llevaron sus ofrendas para hacer sacrificios, la de Abel fue acorde al corazón de Dios, mientras que la de Caìn conforme al corazòn humano y eso lo frustrò en extremo. ¿Cuàntas veces no vemos èsto mismo hoy en la Iglesia, y pretendemos que los resultados sean distintos al de la historia?

(*) Dos hombres o dos mujeres en matrimonio NO PUEDEN SER FRUCTÌFEROS (Levìtico 18:22) y es una ABOMINACIÒN ante los ojos de Dios.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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