lunes, 18 de diciembre de 2017

¡Este penoso trabajo! (Parte uno).



“Todo es vanidad y aflicción de espíritu”
(Eclesiastès 1:14).

“Por cuanto no pediste riquezas, ni posesiones, ni gloria, ni la vida de tus enemigos, ni muchos días, sino pediste sabiduría para gobernar a mi pueblo… sabiduría, conocimiento y riquezas te han sido concedidas”. Palabras de Dios a Salomòn en 1ª Crònicas 1:11.

Es asì, còmo, Salomòn, es conocido como el hombre màs sabio que ha vivido sobre la faz de la tierra. Y, èste hombre sabio, nos dejó un legado de consejos que bien haríamos en no dejar por un lado. Ciertamente la “orden” de Dios para el hombre es que trabaje “hasta” el dìa que vuelva a la tierra a donde pertenece, asì se ganarà el sustento propio y el de los suyos (Gènesis 3:19). Mensaje número uno: Todos los hombres, no dejaremos de trabajar “penosamente” hasta el último dìa de nuestra existencia. No importa cuàl trabajo desempeñemos, todos tienen sus problemas y no podemos esperar que èstos desaparezcan… siempre estarán allì. Mensaje número dos: Todo hombre debe vivir de “su” trabajo, no del de los demás. La bendición y la prosperidad vienen del “sudor” propio, no por aprovecharse del sudor de otro. Dios màs bien condena, y muy severamente, la explotación al prójimo (Mateo 25:33,41 y 42).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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