“Nadie tenga en poco tu
juventud”
(1ª Timoteo 4:12).
“Juventud divino tesoro, ya
te vas para no volver”, primera frase del famoso poema de Rubèn Darìo: “Juventud
divino tesoro”. La fuerza, el privilegio de la juventud; la sabiduría, el
privilegio de la vejez.
Hay ejemplos en la historia
que nos muestran que la juventud se puede aprovechar al máximo. Alejandro Magno
ha sido quizás el ejemplo clásico en lo material. A sus escasos años fue el
gobernante de un vasto imperio (Griego) el cuàl dejó de gobernar a su muerte apenas
a los 33 años. En lo espiritual, Cristo, quien tambièn rondaba la treintena de
años cambiò la historia para siempre, dejándonos el legado de una revoluciòn
espiritual que alcanza nuestros días. En ese sentido, la escritura nos incita a
que no importando nuestra edad salgamos y “prediquemos” el evangelio. Nadie se
puede considerar tan joven, si, teniendo un llamamiento y preparàndose
constantemente quiere predicar el evangelio. Ahora bien, la escritura tambièn
es muy clara en el sentido que, siendo “neófito” NO se debe “dirigir” la
Iglesia, pues eso es otra situación. Y la negativa viene por el hecho que en el
nèofito pueden entrar espíritus engañadores y doctrinas de demonios (1ª Timoteo
3:1).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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