“Nos escogió antes de la
fundación del mundo”.
(Efesios 1:4).
Las escrituras nos enseñan
que todo y todos tenemos un propósito en èsta vida, nadie vino a ella por
coincidencia, por casualidad o solamente para formar parte de una estadística (Jeremìas
29:11).
Asì, Pedro y su hermano Andrès;
Juan y su hermano Jacobo, tenìan “predestinado” el privilegio (no trabajo) de
ser evangelistas para el pueblo de Israel (Mateo 10:6). Judas, estaba “predestinado”
a ser el traidor del Mesìas (Juan 17:12). Pablo de Tarso, estaba “predestinado”
a ser el evangelista a los gentiles (Gàlatas 1:15-16). Y, como en otras
ocasiones lo hemos explicado y probado, el Padre tiene tambièn “predestinados”
a sus consentidos, entre cuyos està el apóstol Juan, quien no solamente tenía
el privilegio de predicar su palabra sino tambièn el de recostarse en el pecho
del Mesìas, por lo cuàl era conocido como Juan el amado (Juan 13:23). Tambièn
fuè “predestinado” a recibir todos los detalles acerca de los tiempos del fin
de la era humana como la conocemos hoy, detalles que le fueron revelados por el
àngel del Señor, y que èl nos legara con bastantes detalle en el libro de
Apocalipsis.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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