“Yo soy la luz del mundo”
(Juan 8:12).
Si algo es muy importante
para los navegantes en las playas, es un faro. La luz que emite es lo que guía
a los barcos a aguas seguras para que no encallen, se empantanen o se detengan
en donde no deben.
Un faro es una torre fuerte sobre
la cual se pone una luz para guiar a los navegantes. Muchos faros no solamente
tienen la luz sino tienen diferentes intensidades en la luz, y los hay tambièn que
tienen una sirena para los días màs nublados o tormentosos. Cristo es ese faro
que emite esa luz tan necesaria para las aguas que el hombre recorre durante su
vida. Ignorarlo solamente sirve para que encallemos, nos empantanemos o nos
detengamos en donde no debìamos de haberlo hecho. Si. Cristo es para un ser
humano, la torre fuerte que tiene la luz que puede guiarlo, èl nos avisa con
diferentes intensidades de luz los peligros que nos acechan, y en momentos de
mucho peligro tambièn nos hace sonar una alarma. No ignoremos la luz que emana
ese faro, pues es definitivamente, la diferencia entre la vida y la muerte
eternas.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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