jueves, 9 de noviembre de 2017

Cristo es nuestro faro.



“Yo soy la luz del mundo”
(Juan 8:12).

Si algo es muy importante para los navegantes en las playas, es un faro. La luz que emite es lo que guía a los barcos a aguas seguras para que no encallen, se empantanen o se detengan en donde no deben.

Un faro es una torre fuerte sobre la cual se pone una luz para guiar a los navegantes. Muchos faros no solamente tienen la luz sino tienen diferentes intensidades en la luz, y los hay tambièn que tienen una sirena para los días màs nublados o tormentosos. Cristo es ese faro que emite esa luz tan necesaria para las aguas que el hombre recorre durante su vida. Ignorarlo solamente sirve para que encallemos, nos empantanemos o nos detengamos en donde no debìamos de haberlo hecho. Si. Cristo es para un ser humano, la torre fuerte que tiene la luz que puede guiarlo, èl nos avisa con diferentes intensidades de luz los peligros que nos acechan, y en momentos de mucho peligro tambièn nos hace sonar una alarma. No ignoremos la luz que emana ese faro, pues es definitivamente, la diferencia entre la vida y la muerte eternas.


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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