“Falsos profetas y falsos
maestros encubiertamente”
(2ª Pedro 2:1).
Hace algunos años rodaron
una película llamada “Encubiertos”, en ella, un ladròn ingresaba “escondidamente”
a una estación de policías como espìa; y al mismo tiempo un policía se unìa
tambièn a un grupo de ladrones con el mismo fin. Ambos causaron mucho daño
porque no eran lo que “aparentaban” ser.
Muchas letras y muchas
palabras han causado las discusiones acerca de si la salvación se pierde o no
se pierde. El apóstol Pedro nos dice: “Algunos hombres han entrado
encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta
condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro
Dios” (doctrinas que ponen a Dios al servicio del hombre, en lugar de poner al
hombre al servicio de Dios, 2ª Pedro 2:1). Hemos de entender entonces que dentro de la Iglesia hay personas que
“aparentan” ser creyentes, y que, “actúan” como creyentes pero… simplemente son
impíos infiltrados con “apariencia” de santidad. Algunos hasta se disfrazan de
profetas y maestros e introducen herejías (doctrinas apartadas de la cruz,
Gàlatas 3:1,10 y 13). En otro sentido, Cristo dijo: “Porque èsta es la voluntad
del Padre, que de todos los que èl me diò, todos sean salvos y nadie se pierda”
(Juan 6:39-40). Por lo tanto, podemos entender que: Todos los que han de ser
salvos están en la Iglesia (no el edificio sino el cuerpo de Cristo), pero cuidado,
pues dentro, tambièn hay impíos infiltrados.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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