lunes, 27 de noviembre de 2017

Encubiertamente.



“Falsos profetas y falsos maestros encubiertamente”
(2ª Pedro 2:1).

Hace algunos años rodaron una película llamada “Encubiertos”, en ella, un ladròn ingresaba “escondidamente” a una estación de policías como espìa; y al mismo tiempo un policía se unìa tambièn a un grupo de ladrones con el mismo fin. Ambos causaron mucho daño porque no eran lo que “aparentaban” ser.

Muchas letras y muchas palabras han causado las discusiones acerca de si la salvación se pierde o no se pierde. El apóstol Pedro nos dice: “Algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios” (doctrinas que ponen a Dios al servicio del hombre, en lugar de poner al hombre al servicio de Dios, 2ª Pedro 2:1). Hemos de entender entonces  que dentro de la Iglesia hay personas que “aparentan” ser creyentes, y que, “actúan” como creyentes pero… simplemente son impíos infiltrados con “apariencia” de santidad. Algunos hasta se disfrazan de profetas y maestros e introducen herejías (doctrinas apartadas de la cruz, Gàlatas 3:1,10 y 13). En otro sentido, Cristo dijo: “Porque èsta es la voluntad del Padre, que de todos los que èl me diò, todos sean salvos y nadie se pierda” (Juan 6:39-40). Por lo tanto, podemos entender que: Todos los que han de ser salvos están en la Iglesia (no el edificio sino el cuerpo de Cristo), pero cuidado, pues dentro, tambièn hay impíos infiltrados.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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