miércoles, 8 de noviembre de 2017

Màs amargo.



“Encontrè algo màs amargo que la muerte”
(Eclesiastès 7:26).

Si por algo la historia marcò al Rey Salomòn, no fue tan sòlo por ser uno de los principales reyes de Israel sino por ser el màs sabio (2ª Crònicas 1:12).

Fue precisamente èl quien advirtió lo siguiente: “TODO lo que Dios ha puesto a hacer al hombre, es penoso y abrumador” (Eclesiastès 1:13). Y que TODO lo que el hombre hace durante TODA su vida es: “como correr tras el viento” (Eclesiastès 1:14). ¡Increìble para el corazón humano, pero verdadero para su espíritu! Novecientos años antes que Cristo nos trajera el evangelio de la cruz, ya se predicaba por parte del hombre màs sabio que ha existido, por encima de una doctrina de prosperidad. Pues claramente expresa: “Que TODA tarea que el hombre se ha propuesto en el recorrido de la historia ha demostrado llegar a ser penosa hasta la muerte”. Sin embargo, Salomòn nos habla de que hay algo màs amargo y penoso que la muerte: “La mujer que es una trampa” (Eclesiastès 7:26). Un buen ejemplo de esto lo vemos en la vida de Sansòn con Dalila (Jueces 16:4), quien con mentiras y engaños y por amor al dinero, hizo confesar a Sansòn el secreto de su fortaleza para entregarlo a los filisteos.  


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   

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