“Encontrè algo màs amargo
que la muerte”
(Eclesiastès 7:26).
Si por algo la historia
marcò al Rey Salomòn, no fue tan sòlo por ser uno de los principales reyes de
Israel sino por ser el màs sabio (2ª Crònicas 1:12).
Fue precisamente èl quien
advirtió lo siguiente: “TODO lo que Dios ha puesto a hacer al hombre, es penoso
y abrumador” (Eclesiastès 1:13). Y que TODO lo que el hombre hace durante TODA
su vida es: “como correr tras el viento” (Eclesiastès 1:14). ¡Increìble para el
corazón humano, pero verdadero para su espíritu! Novecientos años antes que
Cristo nos trajera el evangelio de la cruz, ya se predicaba por parte del
hombre màs sabio que ha existido, por encima de una doctrina de prosperidad.
Pues claramente expresa: “Que TODA tarea que el hombre se ha propuesto en el
recorrido de la historia ha demostrado llegar a ser penosa hasta la muerte”.
Sin embargo, Salomòn nos habla de que hay algo màs amargo y penoso que la
muerte: “La mujer que es una trampa” (Eclesiastès 7:26). Un buen ejemplo de
esto lo vemos en la vida de Sansòn con Dalila (Jueces 16:4), quien con mentiras
y engaños y por amor al dinero, hizo confesar a Sansòn el secreto de su
fortaleza para entregarlo a los filisteos.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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