martes, 28 de noviembre de 2017

Con los pies limpios.



“El lugar en donde estàs parado es tierra santa”.
(Exodo 3:5).

Todos conocemos la historia de Moisès, cuando asombrado vio còmo una zarza ardìa sin consumirse, y, al acercarse, Dios le dijo: “Moisès, Moisès, quítate las sandalias, pues el lugar en donde estàs parado es santo”.

Ese pasaje es una analogía instructiva para todos nosotros, los que de una u otra forma predicamos el evangelio. Pues Dios es santo, es limpio, es puro, y se supone que quienes le representamos en la tierra debemos luchar por esa santidad. La perfección no la hemos de alcanzar en èste mundo pues asi està escrito (1ª Corintios 15:52), pero sì tenemos que tener claro, y bien claro por cierto, que muchos ojos, muchos oìdos y muchos corazones están pendientes y dependen de nosotros. El mal testimonio de cientos de líderes ha provocado que miles de personas se alejen de las iglesias, lo cuàl no es bueno. Pero, lo que ha llegado a tintes dramáticos es el hecho de que como líderes sigamos “predicando y practicando” lo que se nos antoje, sòlo porque creemos que “Dios nos puso allì y punto”, pues lo único que logramos es que la gente se aparte de Dios, y eso, es una falta muy grave a sus ojos pues es como obviar que estamos parados en tierra santa (1ª Corintios 11:19).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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