jueves, 24 de agosto de 2017

¡Y hasta entonces entraron!



“Porque Jehovà tu Dios te introduce en la buena tierra”
(Deuteronomio 8:7).

Quienes tienen el privilegio de tener una finca, una granja o una área pequeña de tierra fértil en dònde poder cosechar, saben lo que significa “una buena tierra”. Y quien quiera ese tipo de tierras tiene que pagar un precio muy alto para poder poseerla.

En el libro de Deuteronomio vemos còmo Dios prepara a su pueblo para cuando fuera a “poseer” la Tierra Prometida. Pero ¿Còmo lo preparò Dios? Nos dice Deuteronomio 8 en sus primeros versos que: afligièndolo y probàndolo en el “desierto” (verso 3), para ver si en las dificultades el pueblo tenía contentamiento o renegaba faltando a los mandamientos (verso 2). Dios les hizo ver: que dificultad habrìa pero desamparo no (verso 4). Tambièn les hizo ver la razón: “Por el amor que un Padre le tiene al hijo”, no era castigo… era amor (verso 5). Muchas personas tendemos a rechazar los tratos de la cruz en nuestras vidas, porque no entendemos que no es un castigo sino un trato misericordioso de un Padre hacia un hijo amado. Hoy, para llegar a tomar el reino de Dios no hay diferencia alguna con el pasado (Hechos 14:22). Muchos somos los que tememos pasar el desierto, incluso hay quienes hasta lo niegan, pero sobra decir que la historia nos muestra que quienes no lo cruzaron no entraron nunca a la tierra prometida.


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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