“Sin visión el pueblo se
desenfrena”.
(Proverbios 29:18).
“Criè hijos y los
engrandecì, y ellos se rebelaron contra mì” (Isaìas 1:2). Cuàntos líderes de la
Iglesia al nada màs alcanzar “cierto nivel”, se olvidan de promover el reino de
Dios… para dedicarse a promover el suyo propio, olvidándose que Dios no
comparte su gloria con nadie (Isaìas 42:8).
El profeta Isaìas fue
portavoz de Dios para su tiempo y para nosotros diciendo: “Desde la planta del
pie hasta la cabeza no hay en èl (cuerpo = Iglesia) cosa sana, sino herida,
hinchazón y podrida llaga” (1:6). “Vuestra tierra està destruida (no hay
espiritualidad); vuestras ciudades puestas a fuego (diversión y
entretenimiento); vuestra tierra està asolada con un asolamiento de extraños
(doctrinas ajenas a la de Dios) (1:7). Pero, con todo èste mal dentro del
pueblo (Iglesia) para que no terminen como Sodoma, Dios nos da una gran
esperanza… “Un remanente” (1:9). Habrà en medio de la Iglesia un grupo “muy
pequeño” de líderes que no se contaminaràn con el mundo, ni dejaràn que el
mundo contamine a la Iglesia. Esos son los “Hijos maduros” (Huios) de Dios. Y
las gentes diràn: ¿Quiènes son èstos y de dònde han venido? Y Apocalipsis 7:14
nos responde (contradiciendo, negando y aplastando la doctrina de la
prosperidad): “Estos son los que han salido de la Gran tribulación”. En medio
de toda èsta corrupción Dios nos da una esperanza, un remanente santo. ¿Los
reconoceremos? ¡Ese es el dilema!
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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