miércoles, 23 de agosto de 2017

El punto de no retorno de Dios (Parte dos).


“Lento para la ira…”.
(Salmo 145:8).

La base del evangelio en la Iglesia primitiva, o sea, la Iglesia que Cristo fundò era: “Arrepièntanse” de sus antiguos caminos.

Fue la prèdica de Juan el Bautista como precursor de Cristo (Mateo 3:2). Fue la base de las prèdicas de Cristo (Mateo 4:17). Y en el primer sermón que Pedro diera luego de ser lleno del Espìritu Santo nos exhorta de igual manera: ¡Arrepentìos! (Hechos 2:38). Vemos el cumplimiento de èste mandato y todas las bondades y atributos de Dios, cuando el Bautista predica y muchos se convierten y hasta se bautizan en agua en el Jordàn (Hechos 2:38); vemos lo mismo con Cristo desde el Sermòn del Monte en adelante (Mateo 5, 6 y 7); y finalmente vemos una gran cosecha con el avivamiento luego de Pentecostès con los apóstoles (Hechos 2:41). Tambièn podemos apreciar las bondades de Dios, cuando Cristo muestra aceptaciòn por una Magdalena que había estado poseída por siete demonios y practicando prostitución (Lucas 8:2); Vemos còmo Cristo decide ir a cenar a la casa de un ladròn como Zaqueo (Lucas 19: 5 y 8). Y, còmo, un recolector de impuestos mal visto por todos (Mateo), se arrepiente, es perdonado, y se convierte aùn, en uno de sus discípulos (Mateo 9:9).


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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