“Lento para la ira…”.
(Salmo 145:8).
La base del evangelio en la
Iglesia primitiva, o sea, la Iglesia que Cristo fundò era: “Arrepièntanse” de
sus antiguos caminos.
Fue la prèdica de Juan el
Bautista como precursor de Cristo (Mateo 3:2). Fue la base de las prèdicas de
Cristo (Mateo 4:17). Y en el primer sermón que Pedro diera luego de ser lleno
del Espìritu Santo nos exhorta de igual manera: ¡Arrepentìos! (Hechos 2:38).
Vemos el cumplimiento de èste mandato y todas las bondades y atributos de Dios,
cuando el Bautista predica y muchos se convierten y hasta se bautizan en agua en
el Jordàn (Hechos 2:38); vemos lo mismo con Cristo desde el Sermòn del Monte en
adelante (Mateo 5, 6 y 7); y finalmente vemos una gran cosecha con el
avivamiento luego de Pentecostès con los apóstoles (Hechos 2:41). Tambièn podemos
apreciar las bondades de Dios, cuando Cristo muestra aceptaciòn por una
Magdalena que había estado poseída por siete demonios y practicando
prostitución (Lucas 8:2); Vemos còmo Cristo decide ir a cenar a la casa de un
ladròn como Zaqueo (Lucas 19: 5 y 8). Y, còmo, un recolector de impuestos mal
visto por todos (Mateo), se arrepiente, es perdonado, y se convierte aùn, en
uno de sus discípulos (Mateo 9:9).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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