viernes, 18 de agosto de 2017

¡Oh Jerusalèn, Jerusalèn!



“Cuàntas veces quise juntar a tus hijos”.
(Mateo 23:37).

Estas tristes y lamentables palabras las dijo Cristo, como corolario al señalamiento que acababa de hacer acerca de la necedad, negligencia y falsos intereses de los líderes religiosos (Mateo 23 completo).

¿Por què lo hizo? “Porque se les han enviado profetas, sabios, escribas, personas entendidas una y otra vez, y en lugar de discernir lo que se les està diciendo, los toman y los matan”. Pero lo que màs impresiona, es el final de la sentencia: “En VUESTRAS sinagogas” (vea Mateo 23:34). Cristo no dice en la sinagoga de mi Padre, o, en Mì sinagoga, sino en “vuestra”. Es profundamente triste y desastroso, el hecho que hoy, dos mil años màs tarde, otra vez estemos viviendo lo mismo. Muchos líderes (en Guatemala la estadística dice que el 77%) están manejando SUS sinagogas (congregaciones) a su sabor, antojo e intereses personales. Han hecho de la casa del Señor… su pequeño imperio. ¿Cuàl fuè el resultado hace dos mil años?  Que lejos de entrar Cristo a esas sinagogas y quedarse, llegó y sacò a sus ovejas y se las llevò, dejando al liderazgo con “sus” sinagogas sin el Espìritu Santo (sin unciòn), y eso exactamente lo estamos viendo repetirse ahora (vea Juan 10:1-4). Y, a pesar, que la sentencia sigue siendo la misma: “Vuestra casa será dejada desierta” (Mateo 23:36)… Muchos, hoy, tampoco entenderemos si somos rebeldes (Ezequiel 2:7).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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