“No soporto que con su
adoraciòn me ofendan”.
(Isaìas 1:13).
En las iglesias
Pentecostales se tiene un patrón de liturgia: Una oración de introducción; un
tiempo de alabanza y luego la prèdica. Lo que vemos que Dios censura en su
Palabra no es el uso de èste patròn sino el mal uso.
De los primeros mandatos que
da Dios a SU pueblo está el que no nos olvidemos de la viuda, del huérfano, del
necesitado y del extranjero (Deuteronomio 10:18) porque si no, dice: “no te irà
bien” (verso 12). Cristo le dijo al joven rico: “Vende todo lo que tienes y
dalo a los POBRES, no dijo al alfolí” como los que viven de ello defienden
(Mateo 19:21 y Lucas 18:22). Cuando ese principio se rompe, y, en lugar de
darles de comer a los necesitados… se les explota; Dios dice que: “No sòlo no
os irà bien en la vida, sino que no soporta nuestra adoraciòn, es màs, agrega…
tu adoraciòn me ofende”. La Iglesia es un organismo que Dios permitió para que
los problemas, las angustias y hasta las necesidades de TODOS sean sanadas y
cubiertas (Hechos 2:44-45), pero ahora, lamentablemente, hemos permitido que la
conviertan en “cueva de ladrones” (Mateo 21:13); en un lugar de fiestas con
música mundana y apòstata. ¡No seamos ciegos, eso se llama iniquidad en la casa
de Dios, y èl, nos dice: “No lo soporto”!
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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