martes, 25 de julio de 2017

¡Si tan sòlo oyèramos!


“Si oyèreis hoy mi vos, entonces serèis mi pueblo”.
(Deuteronomio 28:1).

Nadie puede acatar una orden; hacer bien un trabajo, o, ir por la senda correcta si no “escucha” las instrucciones. Conocimos hace muchos años a un hombre que no querìa escuchar de Dios, vivìa bajo el régimen de “hacer lo que bien le parecía”; pecaba, se arrepentía, se confesaba y volvìa al pecado. Su insatisfacción por la vida era evidente. ¿Por què? Porque no querìa escuchar, pues Dios le mandaba personas desde su juventud para que le hablaran del evangelio, pero èl las rechazaba.

Hoy, en muchas congregaciones nos està pasando lo mismo… Dios envía persona tras persona a hablarnos, pero seguimos viviendo en el tiempo de los jueces, ¡No escuchando y haciendo lo que bien nos parece! Respiramos de satisfacción y tranquilidad cada vez que “despachamos” a alguien “no afìn” a nuestras causas, sin sospechar, que acaso acabamos dejar ir la última de las llamadas de nuestro Señor. Y con profunda pena, quienes están fuera ven la evidente insatisfacción en la que vivimos, menos nosotros (Hechos 9:15). ¡Señor, perdónanos porque no sabemos lo que hacemos!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   


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